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| Septiembre 2009 -Eclèctica #21 |
A sus zapatos
| Por Josué Carballo |

“Mis manos trabajan, por que ni mis tortillas llegan rodando ni mis frijoles saltando, hay que luchar pa' delante”
Josefina Hernández Maciel es originaria de Zamora Michoacán y tiene 61 años, de los cuales los últimos tres años se ha dedicado al aseo de calzado. "O a la boleada, según como le diga la gente", detalla la señora Josefina que lleva las riendas de su local ubicado en la colonia Villas de San Juan en Guadalajara.
Hace más de treinta años llegó a la ciudad junto con su esposo y tres hijos. Entonces era ama de casa y su esposo era contador privado, entre los dos sacaron avante a su familia, aunque no fue fácil. Cuenta la señora Josefina sobre el negocio: “El puestecito ya tiene diez años. Mi esposo y uno de mis hijos comenzaron con esto, teníamos que ayudar a los hijos con sus estudios”. Ella aprendió el oficio porque le llevaba de comer a su esposo y veía como se le hacía para dejar el zapato brillando, bien lustrado.
“Mi esposo continuó pero desgraciadamente su enfermedad lo acabó lentamente, tenía diabetes y su vista ya no le respondía igual, así duró varios años”. Fue entonces que doña Josefina se hizo cargo, era su obligación ayudar a lograr el sustento familiar y vio en el aseo de calzado una oportunidad que no podía dejar pasar. Con la ayuda de su hijo fue perfeccionando su técnica en el oficio y ella no desistió la batalla aunque la enfermedad de su marido empeoraba. Él murió hace apenas seis meses. “O te quedas llorando en tu casa tu desgracia o llorando y le sales adelante, la opción es esta”, sentencia.
“Si mi esposo y mi hijo ya me dejaron esto encaminado, ¿por qué no seguirle?, son mis manos las que trabajan, por que ni mis tortillas llegan rodando, ni mis frijoles saltando, hay que luchar pa´ adelante”. Aunque reconocer que al principio le costó un poco de trabajo, dice haber aprendido a salir adelante de la gente de su pueblo que trabaja en el campo sin quejarse, agrega: “Todas las personas sobretodo el mexicano, tienen ese empuje de lucha y más una madre”.
De Josefina Hernández hay mucho que aprender. Ella dice que un oficio te quita el hambre y una carrera te da la oportunidad de conseguirlo, por eso no dejó de ayudar a sus hijos, a quienes desde pequeños les inculcó que había que echarle ganas a la escuela, y si no querían pues a trabajar. Así crecieron bajo su amparo los tres hijos que ahora ya están casados.
En la bolería los clientes no le fallan, incluso cada día llegan nuevos y se sorprenden al ver que una mujer es la que da brillo a los zapatos. Cuenta Josefina que han llegado señores a preguntarle el motivo por el que se dedica a un oficio que comúnmente es para hombres; ella sin pena explica su necesidad. Además le gusta lo que hace y siente cariño hacia las personas que cada día llegan a lustrar su calzado. Aconseja: “Si algo tienes que hacer hazlo con amor y bien hecho, yo siempre vengo con la esperanza y con la alegría de ser útil a los demás”. Se sabe parte importante dentro de la sociedad y parece agradarle que se lo reconozcan.
En una de tantas anécdotas que tiene por relatar, la señora Josefina cuenta que en una ocasión los amantes de lo ajeno la visitaron y le robaron su grabadora y la herramienta que necesita para armar su puesto. Otro día, un señor llegó a pedirle que le rentara parte de su puesto, a lo que respondió que no podía por que no lo conocía y no era justo para su bolsillo tener competencia en el mismo lugar de trabajo.
Sacarle brillo a los zapatos no es suficiente, en cada boleada ella le da brillo a las esperanzas de quienes la rodean y la conocen. Cuando no va a trabajar los vecinos la extrañan, ya la conocen por el rumbo; y aunque preserva una salud envidiable no ha estado exenta de visitar el hospital, a diario le pide a Dios que la ayude y le dé fuerza. A pesar de que tiene que estar de pie la mayor parte del día, no se raja.
Todo el año hay trabajo comenta Josefina, “la persona que quiere andar bien vestido, limpiecito de pies a cabeza, también debe de traer sus zapatos limpios, es la presentación de una persona, a veces que voy con mis zapatos le digo a mi hija, a ver que día paso por un puesto de bolero para que me los limpie” (risas).
En sus ratos libres acostumbra a leer el periódico. Como si no fuera suficiente, en casa teje unas bolsas únicas, artesanía pura, se las ingenió para empezar a venderlas y cuenta que a la gente le gusta su estilo.

El legado continúa
Su hija menor le ayuda los sábados, entre las dos atienden a los clientes o le aventajan con los zapatos que les dejan por encargo. Su hija aún estudia y la señora Josefina la ayuda con los recursos indispensables para que termine la licenciatura.
Josefina se siente parte del entorno. “Estar aquí en la calle es sentirme dentro de mi casa, soy feliz. Los domingos que descanso hasta me siento triste, ya espero el lunes para regresar, me ayuda a no sentirme triste, me sirve de aliciente, me da alegría. Ya los ruidos de los carros y hasta la lluvia son parte de mi rutina”.
“Yo no quiero sacarme la lotería, no me sentiría bien, la lucha es diaria y debemos de sentirnos orgullosos de nosotros mismos, como en el pueblo la gente es de lucha, de lucha constante, porque es una satisfacción saber que tus manos aún sirven”.
La señora Josefina Hernández atiende con el mismo gusto tanto a clientes de tradición como los que recién ha conocido. Su "puestecito" se encuentra en la esquina de avenida Circunvalación del Norte y calle Álvaro Alcázar. Su horario de servicio es de lunes a sábado de 9 de la mañana a 3 de la tarde.
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