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La Señora Josefina FOTO: Josué Carballo |
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“Mis manos trabajan, por que ni mis tortillas llegan rodando ni mis frijoles saltando, hay que luchar pa' delante”
Josefina Hernández Maciel es originaria de Zamora Michoacán y tiene 61 años, de los cuales los últimos tres años se ha dedicado al aseo de calzado. "O a la boleada, según como le diga la gente", detalla la señora Josefina que lleva las riendas de su local ubicado en la colonia Villas de San Juan en Guadalajara.
Hace más de treinta años llegó a la ciudad junto con su esposo y tres hijos. Entonces era ama de casa y su esposo era contador privado, entre los dos sacaron avante a su familia, aunque no fue fácil. Cuenta la señora Josefina sobre el negocio: “El puestecito ya tiene diez años. Mi esposo y uno de mis hijos comenzaron con esto, teníamos que ayudar a los hijos con sus estudios”. Ella aprendió el oficio porque le llevaba de comer a su esposo y veía como se le hacía para dejar el zapato brillando, bien lustrado.
“Mi esposo continuó pero desgraciadamente su enfermedad lo acabó lentamente, tenía diabetes y su vista ya no le |
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respondía igual, así duró varios años”. Fue entonces que doña Josefina se hizo cargo, era su obligación ayudar a lograr el sustento familiar y vio en el aseo de calzado una oportunidad que no podía dejar pasar. Con la ayuda de su hijo fue perfeccionando su técnica en el oficio y ella no desistió la batalla aunque la enfermedad de su marido empeoraba. Él murió hace apenas seis meses. “O te quedas llorando en tu casa tu desgracia o llorando y le sales adelante, la opción es esta”, sentencia.
“Si mi esposo y mi hijo ya me dejaron esto encaminado, ¿por qué no seguirle?, son mis manos las que trabajan, por que ni mis tortillas llegan rodando, ni mis frijoles saltando, hay que luchar pa´ adelante”. Aunque reconocer que al principio le costó un poco de trabajo, dice haber aprendido a salir adelante de la gente de su pueblo que trabaja en el campo sin quejarse, agrega: “Todas las personas sobretodo el mexicano, tienen ese empuje de lucha y más una madre”.
De Josefina Hernández hay mucho que aprender. Ella dice que un oficio te quita el hambre y una carrera te da la oportunidad de conseguirlo, por eso no dejó de ayudar a sus hijos, a quienes desde pequeños les inculcó que había que echarle ganas a la escuela, y si no querían pues a trabajar. Así crecieron bajo su amparo los tres hijos que ahora ya están casados.
En la bolería los clientes no le fallan, incluso cada día llegan nuevos y se sorprenden al ver que una mujer es la que da brillo a los zapatos. Cuenta Josefina que han llegado señores a preguntarle el motivo por el que se dedica a un oficio que comúnmente es para hombres; ella sin pena explica su necesidad. Además le gusta lo que hace y siente cariño hacia las personas que cada día llegan a lustrar su calzado. Aconseja: “Si algo tienes que hacer hazlo con amor y bien hecho, yo siempre vengo con la esperanza y con la alegría de ser útil a los demás”. Se sabe parte importante dentro de la sociedad y parece agradarle que se lo reconozcan
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