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| Septiembre 2009 -Eclèctica #21 |
Sexo, la más grande nada
| PorLaura Rodríguez y Adrián Mariscal |

“La idea del sexo me causa repulsión,
no tengo impulso sexual,
tal vez, simplemente no tengo líbido”
Anónimo
Hace algún tiempo, Anthony Bogaert, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Brock, en Otawa, Canadá, tomó un estudio realizado en Inglaterra y analizó 18 mil respuestas a una encuesta sobre sexo. Descubrió que el tres por ciento nunca había sentido interés sexual por alguien, lo que significa que una de cada cien personas se podría considerar asexual.
Jóvenes solteros, de ambos géneros, residentes de países como Argentina, Chile, Colombia, España, Venezuela, además de México de donde provenía la mayoría, respondieron algunas preguntas que planteó Revista Ecléctica para indagar en el tema.
Los encuestados forman parte de la Red de Visibilidad y Educación Asexual, tienen entre 15 y 28 años de edad y todos se definen a sí mismos como asexuales porque no tienen interés por las relaciones sexuales. En cambio, el 90% dijo sentir atracción física sin connotaciones sexuales hacia otras personas.
Así lo reafirma Paulina Millán Alvárez, sexóloga del Instituto Mexicano de Sexología, pues asegura en sus declaraciones que “las personas asexuales son aquellas que muestran muy poco o ningún deseo por las relaciones sexuales”, pero reconoce que a pesar de ello, algunos asexuales conservan el interés romántico hacia otras personas.
Por su parte, Raúl Paredes Guerrero, director del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirma que la asexualidad puede definirse como la “falta de deseo o interés sexual que no produce malestar personal o psicológico”. Detalla que esta ausencia de deseo se asocia a la falta de fantasías, pensamientos y actividad sexual.
Asexualidad: ¿La cuarta orientación sexual o simplemente una forma de vida?
“El fenómeno de la asexualidad, que como casi todos nació en Estados Unidos, agrupa a un gran número de personas”, publicó el diario español La Voz Digital en mayo de 2009. La asexualidad se ha convertido en un acontecimiento radical, por el simple hecho de excluir al sexo de la vida cotidiana. Y aunque se ha definido como la cuarta orientación sexual, una mezcla de tendencias e incluso como una forma de vida, las estadísticas complican su clasificación determinante.
Conforme a los resultados de la encuesta, la mitad de los asexuales siente atracción hacia el género opuesto, el 40% hacia ambos géneros y el 10% hacia ninguno, lo cual indica que la asexualidad no es una orientación sexual como tal.
Incluso, la sexóloga Paulina Millán reafirma: “Hay asexuales que sienten atracción por hombres, mujeres o ambos, sólo que no les interesan las relaciones sexuales, entonces se definen más como heterorománticos, homorománticos o birománticos”, a lo que el psicólogo Jonathan Altamirano Cortés, jefe de Vinculación del Instituto Mexicano de Sexología, complementa: “La asexualidad no es una preferencia u orientación, sólo una parte más del repertorio de expresiones comportamentales de la sexualidad, nada tiene que ver con preferencias”.
El ginecólogo Domingo Moreno, por su parte, también desprende a la asexualidad de todo nexo que pudiera definirle como orientación, pues la sexualidad, explica, tiene dos componentes, uno físico y otro emocional, de forma que hay quienes pueden prescindir de la expresión mecánica del sexo, pero no de las manifestaciones de afecto, y este rechazo a la expresión sexual física puede explicarse también a través de aspectos biológicos.
¿Se nace o se decide ser asexual?
Otro de los grandes puntos a debatir es si la asexualidad es producto de cuestiones meramente genéticas, es decir, de una herencia predeterminada ya en el genotipo de la persona asexual, o bien, de la influencia de factores externos ulteriores al nacimiento precisados toda vez que el individuo se desarrolla en sociedad y reconoce en el ambiente aspectos culturales y sociales que puede asumir o rechazar.
El neurobiólogo Raúl Paredes Guerrero, asume una postura que acredita a la asexualidad un origen biológico, sustentada en las investigaciones realizadas por el Instituto que dirige; y pese a reconocer que son pocas las investigaciones que existen al respecto, asevera que todas ellas han sugerido un componente hereditario considerable.
“La asexualidad está presente en varias especies de animales. Nosotros hemos encontrado que en las ratas macho existe una deficiencia de la enzima aromatasa (enzima encargada de producir estrógenos), que convierte testosterona (hormona propia del género masculino que cumple importantes funciones como el apetito sexual) a estradiol (hormona sexual femenina) en una región del hipotálamo. Es decir, en los machos no copuladores la actividad de la aromatasa es menor”.
Las investigaciones anteriores son reforzadas con el comentario de la sexóloga Pilar Cristóbal vertido en un artículo de El Mundo Magazine, pues considera que existen probabilidades de nacer asexual: “Hay gente que viene al mundo con una secreción hormonal menor, con una biología menos intensa”.
Con lo anterior, la sexóloga cerciora que la asexualidad puede tener un cimiento genético, pero también deja espacio para considerar a otros factores que si bien no son necesariamente biológicos también son involuntarios, como lo pudieran ser algunos tipos de enfermedades que entre sus causas tienen la reducción del apetito sexual.
No obstante, otros especialistas como el psicólogo Jonathan Altamirano Cortés, permanecen escépticos sobre la posible condición biológica de la asexualidad, pues en sus palabras “Cuando se vive una asexualidad desde la perspectiva biológica, implicaría que, en el caso del hombre, no tendría erecciones y la mujer no tendría lubricidad, por lo tanto viviría una disfunción sexual”. Es claro al sentenciar: “Nada tiene que ver la asexualidad con cuestiones hereditarias ni biológicas. Se podría presumir entonces, que la asexualidad es una elección de vida, así como lo es tener una vida sexual activa”.
Los testimonios también reflejan una división de opiniones, entre quienes por un lado privilegian la opinión de la asexualidad como un estado elegible y los que opinaban que se debe a factores biológicos.
Mariana, representa a los primeros y desde Argentina opina: “Yo creo que es una decisión, biológicamente estamos creados para la procreación, pero el hecho de que a alguien no le interese llevar a cabo esa acción es una elección”.
Fatima, colombiana, se inclina por el segundo grupo de opinión: “Considero que se nace asexual, es simplemente el hecho de que algunas personas tienen impulsos sexuales muy bajos o no tienen”. Beatriz, quien vive en Venezuela se suma al comentario anterior; y añade que tiene una hermana gemela que también es asexual. 60% de los encuestados opinan igual que ellas.
Finalmente también hay una proporción de 20% de opiniones neutras que median entre la posibilidad de que la asexualidad fuera una mezcla de ambos preceptos; empero, aunque la mayoría legitiman la idea de la asexualidad biológica, la totalidad de ellos descubrieron su asexualidad hasta después de la adolescencia.
La sociedad sexuada: “Sexo en todas partes”
Jean Claude Guillebaud, en su ensayo La Tiranía del Placer, indica: “La creciente expectativa y presión cultural por estar a la altura del sexo puede considerarse como otra de las causas que influyen notoriamente en la naturalidad de las relaciones físicas y el apetito sexual”.
De los asexuales encuestados, ocho de cada diez creen que directa o indirectamente, la sociedad los presiona para ser sexuales. Verónica de México opina: “Se idealiza e infunde el sexo desde una manera comercial, moralmente aceptable y socialmente exaltada”. Al respecto, desde España, Ángel opina: “La sociedad presiona totalmente, parece que si no follas no eres nadie, o que follando se van los problemas”.
Las opiniones anteriores representan una mayoría sobre los asexuales que dicen no sentirse presionados por la supremacía del sexo en todos los niveles de comunicación social.
Aunque admiten sentirse impuestos a darle una prioridad al sexo como si se tratase de un elemento principal en la vida del hombre, la mayoría asegura no sufrir ningún tipo de estrés o represión por no poder inclinarse a impulsos sexuales como el resto de la población. Incluso 70% dicen no tener ninguna clase de conflictos en sus relaciones interpersonales.
Siguiendo esta idea, los asexuales no confían en que la sociedad en sí misma los entienda y acepte como individuos distintos al común por la ausencia de práctica sexual, por lo que tienden a reservarse su asexualidad como un atributo privado de su personalidad.
Verónica incluso lo esconde de su familia: “Mis hermanos y mamá me consideran ‘rara’, lesbiana, traumada, amargada, deprimida. Esto me ha llevado a algunos conflictos y mal entendidos con mi madre”.
Por el contrario, 30% han confesado su condición por lo menos a un integrante de su familia o amigos, como Mario de México: “Mi relación familiar es muy placentera mientras haya respeto entre los integrantes de mi familia”.
“La relación con mis amigos es muy buena, me aceptan tan cual soy y no me ponen en duda, es más, algunos de ellos ya habían escuchado hablar de esto”- comparte Victoria, chilena.
“Absolutamente, estamos bombardeados por todas partes para ser sexualizados, cada vez más, en la televisión, las películas, la publicidad, las canciones, cada vez más y más y más…”, se leía en uno de los testimonios.
En concordancia con las opiniones anteriores, Philip Hodson, miembro de la Asociación de Psicoterapia de Gran Bretaña, precisa, que el deseo se suprime porque no se identifican con la imagen del sexo que venden los medios de comunicación, se sobrevalora lo genital y el coito, y se reducen los aspectos afectivos y emocionales.
De ahí que analistas del tema como Anne Dufourmantelle, filósofa y psicoanalista, autora del ensayo Blind Date, Sexe et philosophie, consideren normal que algunos terminen rechazando el sexo de manera consciente o inconsciente como respuesta a la sexualización de todos los objetos de consumo, incluído el ser humano.

¿Se puede vivir sin sexo?
La pregunta surge de uno de los paradigmas darwinianos que más peso tiene en las condiciones de vida de los seres humanos: nacer-crecer-reproducirse-morir. Si la fase tres se omite, todo lo relacionado con el sexo es totalmente indiferente.
Para 90% de los encuestados, la procreación no es importante ni ocupa un lugar en sus proyectos de vida; sin embargo, dos personas manifestaron su deseo de adoptar.
A pesar de las complicaciones, es posible que una persona asexual se relacione con una sexual. De acuerdo con el psicólogo Jonathan Altamirano Cortés “esto no debe generar conflicto alguno dentro de la relación, pues deben de ser muy claras ambas personas de sus gustos y sus preferencias”.
En la encuesta realizada, las muestras arrojaron que estas personas pueden tener todo tipo de contacto excepto si éste se hace con intenciones sexuales. Por ejemplo, un entrevistado afirmó: “Me encanta el contacto físico, pero platónico, o sea, abrazos -los adoro-, abrazo a mis amigos, a mis sobrinos… Caricias, mimos, lo máximo a lo que llego es a los besos, ya que estos últimos no me parecen necesariamente sexuales”.
Por todo lo visto es que se considera a la asexualidad como otra forma de amar, ya que puede separarse el amor del sexo, propiciando lo que para los sexuales es un amor “irreal”, sin embargo para ellos, los otros, a quienes por tradición generalista se han creído inexistentes, el sexo representa un número absolutamente igual a cero, y justo en el trasfondo de esa insignificancia, la más grande nada de todos los tiempos.
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