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El desconocido Venadito
Por Alejandra Pedroza Marchena
 
 

"Aquí trabajamos para comer, y es que no hay de otra,  trabajas o no comes, le entras al campo o vas a buscarle a Monterrey o de mojado pa´ los Estados Unidos" Clemencia, habitante.

Entre nopales y polvo, los lejanos caminos de una casa a otra dibujan las calles cuyo nombre no es anunciado; menos indispensable resulta para los pobladores o los pocos visitantes, sin embargo ahí está,  entre sembradíos y terracerías encontramos: "El Venadito".

El poblado recibió ese nombre porque así lo quisieron sus habitantes. Para la señora Dominga explicar el origen del nombre del lugar es sencillo: ¨Mi papá platica que le dicen El Venadito a este lugar porque recién que llegamos en los cerros se divisaban hasta familias enteras de venados. Ahora, encontrarse uno es cosa de suerte¨.

Los primeros asentamientos se establecieron hace cuatro generaciones al Sur del municipio de Villa de Guadalupe, San Luis Potosí, sobre una zona de clima seco, semi-cálido. Al Norte se localiza la Sierra de Catorce, al Sur la Sierra de la Rueda con 2 mil 400 metros de altitud sobre el nivel del mar, según la página de Internet del gobierno federal.

Sobre el lugar no se ha escrito mucho, la

  FOTO: Alejandra Pedroza

historia se sustenta sólo en los recuerdos de la gente y los relatos de los habitantes de mayor edad. Dominga es una de las primeras pobladoras de El Venadito y relata: "Cuando llegamos aquí sólo vivíamos nosotros en esta casa, y  la familia de doña Chuya en la de enfrente. Después se vinieron más parientes y fue creciendo la familia, hasta ahora que ya somos bastantes y de diferentes apellidos".

Actualmente el poblado se divide en dos rancherías separadas por huertas y sembradíos.  En una se encuentran doce viviendas y es conocida como Venadito Grande, mientras que en la segunda ranchería habitan cuatro casas y la llaman Venadito Chico.

Sin esperanza de cambiar su situación de vida actual, ni preocupación por su pasado, los pobladores de El Venadito realizan sus actividades rutinarias de supervivencia, según lo declara la señora Clemencia: ¨Todos los días es lo mismo, desde las 5 de la mañana ya habemos gente aquí arriando a las chivitas, los hombres se van con las vacas, a los sembradíos o a las tomateras. Aquí trabajamos para comer, y es que no hay de otra,  trabajas o no comes, le entras al campo o vas a buscarle a Monterrey o de mojado pa´ los Estados Unidos (sic)¨.

En efecto, el trabajo se reparte entre hombres y mujeres, los primeros salen a realizar actividades que requieren más fuerza, las mujeres ayudan al cuidado del ganado y labores domésticas. Roles tradicionales del trabajo.

Prevalece la siembra de alfalfa, maíz, y jitomate, así como la cría de caballos, burros, vacas y chivas. Los productos generados, como leche y quesos, en su mayoría son para el autoconsumo, y sólo se detina una mínima proporción para la venta.

De todos los habitantes, sólo al llegar a una casa dicen profesar una religión distinta a la de la mayoría, el resto son católicos. Una mujer joven llamada Angélica, explica: ¨Pues no tenemos capilla ni nada, pero cada mes viene el padre [sacerdote] y nos oficia una misa en cualquiera de las casas, los sábados viene a darles catecismo a los niños. Lo que sí, es que a veces vienen los hermanos de otras religiones y nos tocan para platicar con nosotros y leernos la biblia¨.

 
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