Edición Impresa Edición Impresa Archivo Archivo
Edición Impresa Edición Impresa
 
 
  IPortada/ Identidades / La vida en vertical      
 

Otra de las viviendas que podría considerarse con "sobrecupo" es la de Noemí Palacios, quien vive con su esposo, cuatro de sus hijos y un nieto, todos juntos en un tercer piso. Además, hasta hace unos meses ella usaba muletas, así que para subir las cuatro series de escaleras necesarias para llegar a su hogar, le era necesario hacer un mayor esfuerzo que el resto.

Noemí retoma el tema de la violencia y relata uno de tantos conflictos entre pandillas, muchas veces con jóvenes armados. Además, en frecuentes ocasiones, los jóvenes de la zona han golpeado a su hijo por ser transexual. "Siempre que salía me quedaba con el pendiente de -¿Y 'ora cómo me lo van a traer?-".

A pesar de todo, los vecinos parecen no afrontar la realidad de la delincuencia y las pandillas que les rodean: "Aquí no hay tanta, pero más para arriba..." o "Casi siempre donde suceden más cosas es en aquél lado". Son frases que intentan asumir como extraño lo que sucede a unos pocos metros del lugar donde viven.

Otro de los problemas que sufren los vecinos y es una lucha que han dado por perdida, son los conflictos de organización en temas como la limpieza o la seguridad del edificio compartido. Tarde o temprano, toda iniciativa para mejorar el estado de las cosas fracasa por la poca disposición de algún vecino.

Todo esto también hace que Noemí aún guarde esperanza de que algún día pueda dejar su departamento y menciona la posibilidad de regresar al rancho donde vivía. Lo que le preocupa es el futuro de sus hijos. Sin embargo las dificultades económicas son el principal obstáculo.

Aunque después de veinte años terminó de pagar su departamento, ahora debe tramitar la liberación de la hipoteca, lo que asegura representa un gasto de alrededor de 15 mil pesos. Una vez que tenga la propiedad total de su departamento podrá decidir su destino, aunque no parece que ese horizonte llegue pronto.

En el paisaje urbano de la colonia es común observar departamentos localizados en el primer piso y modificados para fungir como comercios: Tiendas de abarrotes, salones de belleza, farmacias, neverías y hasta baños públicos distribuidos entre avenidas y andadores persisten a pesar de la prohibición expresa establecida en las escrituras de los departamentos bajo amenaza de la rescisión del crédito otorgado y el desalojo de la vivienda. Ante este escenario, las autoridades permanecen impávidas.

Y es que en El Sauz, las decenas de zapatos tenis colgados en el tendido eléctrico, los autos abandonados que sirven de casa a las mascotas, una cruz de metal enterrada a la orilla de la cancha de futbol, una balacera entre pandillas rivales ó los múltiples altares con advocaciones religiosas al borde de los callejones mal iluminados ya no sorprenden a nadie, todo lo que hay y lo que se vive es tan normal como el ciclo del día y la noche.

 
2 de 2
Siguiente >
 
 
 
 
 

RevistaEclectica.com 2009
Los contenidos firmados son responsabilidad de cada autor
Diseño en Internet: Omar Hernàndez