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La vida en vertical
Por Darío Pereira y Sergio Rodríguez


  Adolescentes sonríen en una explanada de la Unidad Habitacional El Sauz. - FOTO: Sergio Rodríguez
 

La expansión de la ciudad de Guadalajara se intensificó desde hace casi medio siglo, hoy es una metrópoli constituida por espacios habitacionales y comerciales que han ignorado las fronteras administrativas de los municipios aledaños para fusionarlos en una sola mancha urbana.

Desde la década de los setentas, debido al auge económico e industrial en la capital de Jalisco, se inició la construcción de grandes conglomerados habitacionales para satisfacer la necesidad de vivienda de las clases trabajadoras que emigraron a la Zona Conurbada de Guadalajara. El sector público representado por el Instituto del Fondo Nacional de Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), entre otros, construyeron los edificios y facilitaron la obtención de créditos para adquirir las denominadas viviendas de interés social.

Miravalle (Guadalajara) y El Sauz (Tlaquepaque/Guadalajara) destacan como las unidades de mayor tamaño. Para 1993, el Infonavit tenía registro de poco más de 9 mil viviendas en Miravalle, distribuidas en 203 hectáreas, según los datos oficiales ahí vivían 50 mil 645 personas. Mientras que El Sauz, con poco menos de la mitad de extensión territorial, alojaba alrededor de 39 mil personas, tan sólo 11 mil habitantes menos que la primera zona.

La diferencia radica en que mientras Miravalle se conforma de casas unifamiliares, dúplex y edificios de cuatro pisos; en El Sauz todas las viviendas de la unidad habitacional son del último tipo.

Entre los edificios y sus paredes tatuadas de graffiti, se entretejen historias familiares que se tornan más bien "colectivas" al considerar que en espacios reducidos coexisten hasta 16 familias. Los vecinos se convierten en testigos forzados del diario vivir de los otros. La privacidad y la tranquilidad se funden en el hacinamiento de la vivienda gubernamental de bajo costo.

De lujos, nada. De espacio, mucho menos; José Romero quien vive en El Sauz desde hace más de 20 años dice: "Esto es como una privadita, pero pa' arriba". Él es una excepción a la regla, uno de los pocos que a pesar de compartir las dos habitaciones y una pequeña estancia improvisada como dormitorio con cinco personas más, no aparenta estar incómodo ni tener deseos de abandonar El Sauz. "No me sacan de aquí hasta [que haya] muerto".

En cambio, Ana Luisa Rubio tiene suficientes razones para querer irse a otro lugar. Cuenta que hace tiempo unos jóvenes lanzaron piedras y rompieron el cristal de uno de los vehículos afuera de su casa, a raíz de eso muchos vecinos pusieron mallas para proteger sus autos. Estas "jaulas" se pueden observar por toda la colonia.

Su deseo es poder vender el departamento en el segundo piso para adquirir su patrimonio en otra ubicación, aunque al tiempo que piensa adónde ir, parece recapacitar y reconoce algunas ventajas de El Sauz, "lo que sí es que aquí hay muy buen [servicio] de transporte", además dice que no sufren por falta de escuelas de nivel básico.

El departamento de Ana Luisa aloja a cinco personas, "lo normal" según su percepción, y es que por otro lado Blanca Estela Núñez dice que aunque ahora sólo habitan cuatro personas en su casa, "llegaron a estar hasta ocho".

Cada departamento mide poco más de 61 metros cuadrados, lo que en el caso de Blanca Estela representaría tan sólo 7.5 metros para realizar las actividades cotidianas de cada habitante del lugar.

 
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