Frankenstein regresa

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Escrito por Adrián Mariscal
El autor es estudiante de la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Guadalajara.
Es conductor del programa de radio "Sórico, sin género de dudas" de Radio Universidad de Guadalajara. Ha escrito 6 libros de relatos de ficción.
También es practicante en el departamento de Internet del periódico "El Informador".
Más del autor en: http://telonversatil.blogspot.com/ |
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¿Y qué hacía un elefante estacionado en la banqueta?- se preguntaba Marie. Prolijamente pinchaba la última sutura para recomponerle el brazo. Pensaba en la majestuosidad del animal, lo bestialmente enorme que debió haber sido para de un pisotón desintegrarlo, o lo suficientemente microscópico para pasar inadvertido por su camino. ¿Tuvo que haber terminado así?- caviló cuando mirándolo con extrañeza no podía dar crédito a la forma de su torso- “era tan…tan abstracto”- rumiaba con la ceja izquierda levantada y los labios pálidos.
De repente recordó la anécdota del hombre que murió asfixiado por un beso, o de aquél quien una vez herido definió su desenlace cavando un socavón para enterrarse a sí mismo. ¡Qué manera tan mediocre de joderse la vida!
Lo que seguía era cocerle diez puntadas a su dedo índice, el pobre había quedado tan remachado como un puré de papa. Una costurita por aquí y otra más por allá. En cuanto a la cabeza-“ni cómo hacerle”- sería mejor lanzarla desde el octavo piso del edificio, o reventarla con una carga de dinamita marca ACME, y una vez en trozos, añadirlos como ingredientes a un cóctel de rarezas- seguro que era comestible- insinuaba.
Los pies fueron sustituidos por dos bloques de cemento pintados con técnicas Riverezcas, y como toque final un pincelazo tono acre disimulado en el ombligo. ¡Ni que Van Gogh ni que Picasso!- festejaba Marie mientras forcejeando los detalles de su obra de arte se convencía de no dejar rastro de vida en su lienzo voluntario.
Por lo demás, cero drama y sentimientos de culpa. Durante la exposición diría que cuando llegó ya estaba muerto o que un rayo errante y veloz le partió la cara en dos. Y si cualquiera que la juzgase dudara acerca de su honestidad, delataría al amigo Shelley quien mordaz certificó que Frankenstein regresa.
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