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¡Extra, un testigo de la ciudad, extra!
Por: Josué Carballo

 


    "El Chale" trabaja en la esquina de la calle López Cotilla FOTO: Josué Carballo
 

"Cuando el periódico desaparezca yo también lo haré"

Setenta años de edad, cincuenta y ocho de profesión, una bicicleta y un sinfín de historias por contar. Los diarios El Sol Esto han sido sus acompañantes durante más de tres décadas. Le ha tocado ver la transformación del cine Alameda a un centro comercial en el centro de la ciudad de Guadalajara y recuerda con mucho fervor los partidos de fútbol de las Chivas los domingos a mediodía.

Alejandro Zúñiga Muñoz, alias “El Chale”, ha trabajado desde los doce años por la situación económica de su familia. Él mismo narra sus inicios: “Mi familia no es muy grande, ellos nunca se dedicaron a esto, yo siempre fui el más vago y pues tenía que ganarme mi dinero. Comencé a vender chicles en la terminal de los camiones que venían de Tlaquepaque, en la esquina de Maestranza y Degollado”.

Su apodo se lo ganó en la calle Molina, a espaldas de lo que ahora es el edificio de la Organización Editorial Mexicana. Ahí llegaba a jugar futbol con los madrugados

que venden y reparten el periódico por la ciudad. Al ver el trabajo de todas aquellas personas que llevan las noticias a temprana hora, aprendió el oficio de voceador y no se arrepiente, al contrario, para él es un orgullo sentirse parte de este lugar.

Hoy su jornada laboral como voceador comienza entre la una y dos de la tarde en la esquina de Obregón y la Calzada Independencia. “Aquí antes era el cine Alameda, me traía mis 200 'Soles' y 50 'Estos', se vendían en un ratito, decían que esta esquina valía oro, la gente que salía del cine o que pasaba por aquí para ir al centro, todos se llevaban su periódico” rememora El Chale.

Relata también que en 1957 pasadas las siete de la tarde el cine Alameda se incendió, él ya iba para su casa, se percató del humo que salía por las ventanas del edificio,recuerda que varios hombres se aventaban de una marquesina como a diez metros de altura, la gente salían corriendo a una pila que estaba en medio de la calzada. Al final cuatro o cinco personas murieron. Por primera vez, Alejandro Zúñiga fue parte de la noticia que al día siguiente estaría en primera plana, ese día no le sobró ningún periódico.

El Chale, amigo de los mariacheros de la zona, recuerda que antes se iba en su bici los domingos afuera del estadio Jalisco a vender el Esto. En aquellos tiempos el periódico lo imprimían en el Distrito Federal. “Me gustaba irme en mi bici afuera del estadio, terminaba el juego y mucha gente comparaba el periódico para conocer los resultados del día anterior; cuando Vergara cambio el día de juego ya no me dieron ganas de ir, ya no se vende igual”.

Con la evolución de las comunicaciones, la manufactura y venta de los periódicos a nivel nacional ha decaído. Alejandro, consciente de esto, no se desanima, aunque dice que ya vende menos de veinticinco ejemplares de El Sol de Guadalajara: “Ya he pensado en mejor retirarme, ya la gente no compra el periódico, ahora ya se conocen las noticias por internet o por televisión y a la hora que llego con mis diarios todo mundo ya conoce las noticias. Cuando el periódico desaparezca yo también lo haré”.

Entre sus recuerdos más gratos, está el día que Nacho González, narrador de deportes en el estadio Jalisco, lo invitó a participar en las transmisiones de los partidos del mundial de México 1986, para nuestro personaje esa intervención fue inolvidable y aún sonríe al recordarlo.

Voceador amable, de buena condición y apasionado por su trabajo, ha vivido siempre para él, no tiene hijos, lo que gana es para comer y seguir comprando sus periódicos, pedalear en la bicicleta y esperar a que sea un buen día.

“Antes era bonito vender el periódico, costaba quince centavos,  El Sol siempre ha sido para los pobres, ahora que cuesta más caro y es más malo, antes parecía que repartías programas, todos pasaban y se llevaban la noticia del día, ahora con tanta transformación de las calles y  con el Macrobús... Ya no funciona (el negocio), ya no se vende”.

La esperanza muere al último y la de Alejandro Zúñiga está fielmente arraigada en sus periódicos. Él seguirá en su esquina voceando la historia de la ciudad que lo ha visto andar en su bicicleta acompañado de su vida, la noticia.

 
 
 
 
 

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