Es temprano, aún hay tiempo antes de las 8 de la mañana en que comienzan las elecciones. Se arman mamparas y urnas para el depósito del sufragio, los funcionarios de casilla firman actas para asegurarse de que ninguna eventualidad ocurrió previamente al inicio de la actividad, las miradas se cruzan entre los representantes de cada partido en contienda, se reconocen los rostros unos a otros, como quien es guerrillero y ha de identificar a su enemigo para cuidarse o atacarle.
El Instituto Federal Electoral ha previsto herramientas para hacer frente a posibles incidentes, tales como material para el conteo, emisión y seguridad en los comicios, medios electrónicos aptos para su uso durante la jornada, y toda clase de instrumentos con capacidades infinitas para actuar correctamente ante situaciones que pudiesen ocurrir. Jóvenes y no tan jóvenes ocupan sus lugares para recibir las identificaciones oficiales y pintar los pulgares de ciudadanos mexicanos que esperan formados en fila para cumplir y hacer valer su derecho al voto.
El paso del tiempo trascurre dejando en su trayecto señales de que es un día decisivo para el futuro político del país, puede leerse en los rostros de los votantes un pensamiento esperanzado a que su colaboración sea una contribución para un mejor futuro en los tiempos que se avecinan, no obstante, un creciente número de ciudadanos ha decidido abstenerse a participar, puesto que de la totalidad de la población registrada en el padrón electoral, menos del 50% participó en las elecciones.
La jornada electoral se acerca a su momento cumbre, faltan sólo ocho minutos para las seis de la tarde y algunas personas siguen formadas esperando su turno; en punto de la seis, se cierra la casilla y algunos aún continúan a la espera; acto seguido, la movilización para el conteo de sufragios se efectúa con toda transparencia: "Un voto al PAN, otro al PRI, otro al Verde", enuncia quien funge como escrutador en la casilla.
Las más altas expectativas invaden a los presentes, quienes se califican como los ganadores de la contienda, o incluso, los más bajos pensamientos de perdida. Y las ansias que van en aumento, de pronto se transforman en una ansiedad por conocer los resultados de la casilla, que sólo será conocida al paso de las horas.
Tan pronto como anuncian el veredicto, el festejo al estilo mexicano del partido triunfador no se hace esperar, canciones que se adoptaron en campaña son exaltadas por las personas que creyeron en el candidato y salieron a votar con decisión, camionetas cargadas de personas que corean una porra recorren las calles tocando el claxon insistentemente y llevando a su vez la bandera alusiva al partido vencedor.
|