Cualquier persona puede recibir un hermoso, y casi extinto, jaguar en las puertas de su hogar por la mínima cantidad de 45 mil pesos (más barato que un auto). Si requiere algo más exótico, qué tal un sublime oso polar por tan sólo 60 mil dólares. O quizá le llene el ojo un impresionante ejemplar de rinoceronte; si pensaba que se habían extinguido en África, no se preocupe el vendedor asegura que lo tiene con todo y el permiso correspondiente expedido por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
El tráfico de especies, es un problema que afecta principalmente a países pobres, con una enorme riqueza natural, desde México a Brasil y gran parte del continente africano. El mercado de fauna y flora silvestre, ocupa el tercer lugar en actividades ilícitas a nivel mundial después del tráfico de drogas y armas.
El captor nativo de la zona generalmente vende al animal por unos cuantos pesos, el principal beneficiario es el vendedor directo que puede llegar a cobrar miles de dólares por un ejemplar. Tristemente sólo uno de cada diez animales capturados sobrevive al traslado y cautiverio, pues las condiciones de trasladado y la ignorancia de los traficantes los vuelven propensos a morir. Se han encontrado colibríes en cajas de cigarrillos, monos en los ductos de aire acondicionado de autos y animales drogados dentro de cajas oscuras para pasar desapercibidos.
Es evidente que no cualquiera puede adquirir y mantener a un animal salvaje, se trata de personas con alto poder económico, mismas que por su condición son inmunes a las leyes. En nuestros días la posesión de animales exóticos es sinónimo de status entre los narcotraficantes. En septiembre de 2008, por ejemplo, fueron incautados seis felinos (una pareja de leones, un tigre blanco, un albino y dos panteras negras) y un simio en una casa ubicada en la zona conocida como El Desierto de los Leones de la Ciudad de México perteneciente a narcotraficantes colombianos, tras lo cual fueron entregados a zoológicos para su cuidado.
En Guadalajara, concretamente en el tianguis conocido como El Baratillo, es bien sabido que se pueden comprar especies animales de manera clandestina. “Primero tienes que contactar a la persona y si la persona te ve, o sea, te tiene confianza, te dice: -Nos vemos en mi casa, o en tal lado-, pero nunca los traen aquí, porque creo que eso es penado”, comenta un visitante del lugar.
Aunque aparentemente hay constantes redadas, el mercado del tráfico de especies es un gran negocio que no termina.
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