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Renovarse o morir,
el reto de una tradición

Por Moisés Montes Velásquez

 


 

En Ocotlán Jalisco, existe una múltiple cantidad de pequeños negocios familiares, algunos con generaciones a sus espaldas, otros se remontan simplemente a unos cuantos años; sin embargo, lo que la mayoría tiene en común, además de pertenecer a la categoría de microempresas, es que su futuro no está del todo asegurado. Las crisis económicas, la modernidad o la llegada de nuevos y más grandes competidores es lo que pone en jaque su existencia.

Este es el caso de “Mercería Flores”, un negocio familiar administrado actualmente por la señora Esther Flores, pero que tiene su antecedente desde hace 38 años, cuando Gloria Flores, su madre, abrió la mercería debido a su oficio de costurera, su hija comenta: “No había más negocios como éste y mi mamá necesitaba tener sus hilos, botones, estambres, dedales, etcétera, por lo que decidió abrir esta pequeña mercería”. Desde entonces se encuentra en calle Madero número 496, muy cerca de las vías del tren que aún  siguen funcionando.

No obstante, en palabras de la señora Flores, este
negocio también enfrenta un futuro comprometedor:

  FOTO: Josué Carballo


negocio también enfrenta un futuro poco comprometedor: “No sabemos si seguiremos o cerraremos por la competencia de las grandes, lo que nosotros vendemos no son artículos de primera necesidad, tenemos pocas ganancias, más bien estamos encariñados con el negocio”

  Al mencionar la señora Esther “a las grandes”, se refiere a las nuevas empresas como Parisina o Modatelas contra las que no puede competir, pues además de vender una mayor variedad de productos a precios más accesibles, cuentan con el apoyo de una firma que las respalda.

 “Antes el negocio era mejor, económicamente hablando, además no estaban estas grandes tiendas y había menos competencia por parte de otras mercerías igualmente pequeñas, los precios de los que en ésta se vende son realmente bajos”, comenta la señora Flores mientras coteja los costos de sus productos para confirmar que sus afirmaciones son certeras.

En la Mercería Flores las agujas se venden desde 15 o 20 centavos, al igual que los botones dependiendo el modelo, los hay desde 40, 50 centavos hasta un peso, situación similar a los listones, cuyo precio varía dependiendo del tipo y la cantidad. “Antes también, cuando mi madre aún podía, nos dedicábamos a la costura que dejaba un poco más de ganancia pero mi madre ya está grande y ya sólo nos dedicamos a atender la mercería”, asevera la propietaria.

La señora Flores comparte con un tono de resignación informes sobre el declive que ha llevado su negocio después de la llegada de las grandes empresas a la ciudad, y al mismo tiempo denota tristeza en la expresión de sus ojos. “El pez grande se come al chico” asegura, sin embargo, dice que además del cariño que siente por su negocio también le queda la experiencia y satisfacción de servir a la gente que acude a la Mercería.

El paso del tiempo dirá si esta mercería con cerca de 40 años de existencia será uno más de los negocios que desaparecerán a causa de las grandes corporaciones o una mala visión por parte de sus dueños para hacer crecer sus pequeños negocios.

 
   
 
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