¿Recuerdas esos días en los que sientes que el mundo esta sobre tus hombros, y sientes que el corazón te va a explotar, y tus ojos no tienen más lágrimas que llorar, y existe esa gran presión justo en el centro de tu pecho que te impide respirar con facilidad y quisieras salir corriendo por la gran desesperación?: Hoy fue uno de esos días.
Salí corriendo a la farmacia para ver si lograba curar, o por lo menos olvidar un momento, todos mis males.
Llevaba una receta con especificaciones claras y precisas...
-Aplicar una ampolleta de ternura cada 6 horas.
-Una inyección de sabiduría, fórmula de 200 ml de tranquilidad. Aplicar de por vida.
-Una caja con 20 pastillas de paciencia, combinada con humildad. Tomar cada 4 horas.
-Unas banditas para las heridas del corazón.
-Pomada para la angustia y la desesperación, aplicar sobre el pecho todas las noches.
El problema fue que no lograron darme ninguna de las cosas que necesitaba, la demanda por estos artículos era enorme y, en las farmacias a las que acudí, los productos estaban agotados. Me dijeron que en todo el mundo pasaba lo mismo, que las grandes bodegas, donde se guardaban los productos, estaban prácticamente vacías y todo estaba apunto de terminarse y hacía tiempo se habían dejado de producir, por lo tanto era imposible conseguirlas.
Salí con mis ojos llenos de lágrimas y a punto de desmallar por el sinfín de males que me aquejaban, quería esconderme, gritar hasta quedarme sin voz; a mi alrededor todos caminaban cabizbajos, seguramente todos se encontraban igual que yo, con mil problemas y pocas soluciones; fue entonces que me cruce con ese hombre que irradiaba una estela de sabiduría. Sin conocerlo, ni el a mi, me brindó un abrazo que me lleno de tranquilidad, después se ofreció a escucharme para así tratar de aconsejarme algún remedio efectivo para mis males.
A su lado logré sentir una confianza que rara vez un desconocido logra brindar, pero su mirada decía más que sus palabras, y sus múltiples arrugas que aparecían a cada movimiento, hacían referencia los años transitados por la vida, y la sabiduría, que acumuló en este transitar, era imposible de ocultar.
Cuando terminé de contarle lo que me sucedió, me observó fijamente por un tiempo que parecía interminable. Después de un rato el silencio fue interrumpido por una sonrisa irónica, comenzó por contarme un sinfín de anécdotas y yo ansiaba un remedio para mi mal.
"Tranquila", me dijo.
En esta vida es necesario vivir de todo, no siempre las cosas deben de ser rosas y perfectas, son necesarias estas caídas para aprender y saber de que estamos hechos, pues cuando se retoma el camino se hace con más ganas de vivir y con más entusiasmo por experimentar… es cierto que todas duelen, pero siempre existe algo de donde tomar impulso, para encontrar paz y remedio a esto, no necesitas medicarte, si lo haces tu realidad se distorsiona y no lograrás apreciar lo que sigue a tu alrededor, no podrás ver mas allá de tu nariz.
La ternura tómala de los niños que te rodean, nútrete de su sencillez; la sabiduría se adquiere de todos y la tranquilad llegará en el momento que tu decidas tenerla; la paciencia se adquiere con los años y la humildad es una aderezo que ya habita en tu corazón, sólo tienes que dejarlo salir; las banditas para el corazón no son necesarias, es por eso que unos ángeles llamados amigos te acompañan, para darte impulso y alentarte cuando ya no puedes mas; y la angustia y la desesperación dejará de existir en ti conforme lo demás se desvanezca.
Es imposible que el mundo cambie pero tampoco permitas que el mundo te cambie a ti, muéstrale todos los días tu mejor cara a la vida. Ama, disfruta, sorpréndete de las cosas simples… y lo más importante: No dejes de vivir.
No supe como reaccionar a lo que había escuchado, tenía razón, no podía encontrar respuestas y salvaciones en una farmacia, no para estos males, y mucho menos podía remar en contra del curso de la vida … pasaba mi tiempo fastidiando mi vida con simplezas y había dejado de vivir… hoy transmito mi historia, comparto mi receta de felicidad. Deja de preocuparte por las simplezas de la vida…
¡Vive, ama, disfruta y ya!
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